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Mostrando entradas con la etiqueta **Flora de Tenerife. Mostrar todas las entradas
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martes, 1 de septiembre de 2015

JAGUARZO(Cistus monspeliensis): “El arbusto de las mil flores”

Son tan frágiles los pétalos del jaguarzo que se desprenden cual vilanos con las embestidas del viento; tal vez incluso con el lagrimeo del sereno.
 
El jaguarzo o jaguarzo negro (Cistus monspeliensis) es un arbusto siempreverde de estrechas hojas verde oscuro, lineares o ligeramente lanceoladas, pegajosas, rugosas,
revolutas y glabrescentes o con vello especialmente en el envés. De aspecto más o menos globoso y densamente ramificado, llega a superar el metro y medio de altura y es común verlo formando parte del sotobosque de los pinares canarios. Ocupa igualmente extensas áreas en zonas deforestadas donde desempeña un papel importante como matorral de sustitución y transición, desarrollándose también dentro de los dominios del bosque termófilo e incluso en zonas de monteverde aunque teniendo preferencia por suelos ácidos.

Con la llegada de la primavera las vistosas flores de cinco delicados pétalos y de hasta 2,5 cm de diámetro tiñen de blanco el arbusto y el suelo circundante, convirtiéndose en un llamativo reclamo para los insectos. 

Es autóctona de Canarias y está presente en todas las islas a excepción de Lanzarote y Fuerteventura. Lo es también del Mediterráneo, dónde cuenta con amplia distribución.

Interesante resulta su estrecha relación con otra especie autóctona de las islas, la melera del jaguarzo (Cytinus hypocistis), que suele crecer bajo el arbusto parasitando sus raíces.
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martes, 4 de octubre de 2011

ROSALILLO DE CUMBRE (Pterocephalus lasiospermus): "Mensajero del estío"

Tras la ostentosa explosión de color de tajinastes, hierba pajonera, retamas y alhelís, ya franqueado el solsticio de verano, las cumbres de Tenerife se visten de rosa pálido para recibir al estío.

El Rosalillo de Cumbre
(Pterocephalus lasiospermus) es un subarbusto endémico de la isla de Tenerife que crece abundantemente en Las Cañadas del Teide, entre los 2.000 y los 2.500 metros de altitud, y que llega a medir hasta 1 metro de altura. Sus hojas son simples y vellosas, al igual que sus tallos, presentando un follaje de color glauco. Sus inflorescencias, individuales y con pétalos rosa o malva pálido, aparecen a principios del verano en una floración tardía con respecto a las demás especies de su entorno.

Con el avance de la época estival, estas llamativas flores se van apagando poco a poco hasta convertirse en pequeños pompones blanquecinos y peludos, de no menor belleza que los coloridos pétalos.


Como le sucediera a la mayoría de endemismos de la alta montaña canaria, el sobrepastoreo de las cumbres en épocas pasadas también mermó la abundancia de esta especie que, sin embargo, se ha recuperado de manera espectacular hasta convertirse en la más común del parque nacional.


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lasiospermus: Procede del griego lasios (velludo) y sperma (semilla), y hace referencia a la característica semilla peluda de esta especie.

sábado, 7 de noviembre de 2009

PINO CANARIO (Pinus canariensis): “El guerrero inmortal”

Nada puede detener al pino canario en su empeño por alcanzar el cielo, nada, ni las sequías más penosas o el furioso viento, ni las lavas de un volcán o el más temible incendio, tampoco el pasar del tiempo, nada es temible para este glorioso guerrero, ¡nada!… o tan solo la codicia de un pueblo.

El pino canario (Pinus canariensis), es el árbol más habitual en las Islas Canarias, así lo demuestran los extensos pinares de las cumbres de Tenerife, La Palma, El Hierro y G. Canaria. En La Gomera su presencia es puntual y tanto en Lanzarote como en Fuerteventura su presencia se limita a escasos ejemplares, todos ellos de origen antrópico (introducidos por el ser humano).

Este pino es un árbol de gran porte que suele alcanzar los 30 metros de altura (aunque algunos ejemplares superan los 50 metros) y tiene una forma piramidal en sus inicios y aparasolada cuando va cesando el crecimiento vertical. Una de sus características más conocidas es su increíble resistencia al fuego que le permite rebrotar tras ser calcinado por un incendio forestal, pero también es llamativa la gran capacidad que tiene para germinar sobre coladas lávicas colonizando suelos muy jóvenes. Sus hojas son aciculares y se agrupan de tres en tres, lo cual es una característica que lo diferencia de la mayoría de especies de pinos del mundo (que las agrupan de dos en dos). El pino canario es una especie monoica, es decir, con flores masculinas y femeninas en el mismo ejemplar. Las flores masculinas son racimos amentiformes que desprenden gran cantidad de polen mientras que las femeninas producen las conocidas piñas. Las piñas pueden llegar a medir de 12 a 18 cm de largo por 8 a 10 de diámetro en su parte más ancha y tardan en torno a dos años en madurar, tiempo suficiente para que se formen dos piñones por cada escama de la piña. El tronco del pino posee una corteza pardo-rojiza resquebrajada en los ejemplares adultos y pardo-grisácea lisa cuando el pino es joven.

Entre los mejores pinares de Canarias podemos citar la Corona Forestal en Tenerife, las laderas de la Caldera de Taburiente en La Palma, la zona de “El Pinar” en la isla del Hierro o el pinar de Tamadaba en la isla de Gran Canaria.
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Fue tras la destrucción de los pinares cuando los pinos supervivientes decidieron cesar en su intento de alcanzar el cielo. Nada importaba ya allá arriba si bajo sus pies ya no existía un bosque sino un campo de batalla. Fue entonces cuando extendieron sus ramas hacia el horizonte y dejaron de señalar al firmamento. Son los pinos gordos de Vilaflor, el pino de Tágara en Guía de Isora, los pinos de Gáldar, los “Pinos de la Virgen” de Fuencaliente, Puntagorda y El Paso…
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Nada puedo hacer este inmortal guerrero para escapar del exterminio al que fueron sometidas las Islas Canarias durante y después de la conquista castellana. Al exterminio humano que sufrieron los aborígenes se sumó pronto el exterminio de nuestros bosques a manos de despiadados sin escrúpulos. Los más altos y bellos pinos fueron los primeros en caer y transformarse en madera para construir los primeros asentamientos, muebles, barcos, carretas…, esta destrucción de los pinares se vio además potenciada por el negocio de la “pez”, una mezcla de resina y cenizas que se obtenía tras la quema de madera de pino tea en los hornos de piedra construidos en medio de los pinares. Esta sustancia llamada “pez” se utilizaba para impermeabilizar los barcos de la época por lo que suponía un lucrativo negocio que llevó a los pinares naturales de nuestras islas al borde de la extinción.

Hoy en día, y tras sucesivas repoblaciones forestales, el pino canario cuenta con una amplia distribución en el archipiélago. Desgraciadamente, es cierto también que la falta de planificación durante las repoblaciones de décadas anteriores ha llevado al pino canario a ocupar espacios ecológicos que no le corresponden, dentro de los dominios potenciales de la laurisilva.

sábado, 23 de mayo de 2009

SAUCE CANARIO (Salix canariensis): "El guardián de los arroyos"

La situación actual de este árbol es dramática, a su natural lucha contra las periódicas sequías que asolan nuestras islas cada cierto número de años, se ha unido la desaparición de corrientes fluviales a causa de las canalizaciones para cultivos y la necesidad de competir con dos especies higrófilas invasoras: la caña (Arundo donax) y el paragüitas (Cyperus involucratus).

El sauce canario (Salix canariensis), también llamado sao, es un árbol pequeño endémico de la Macaronesia que crece en Madeira y Canarias, dónde podemos hallarlo en todas las islas menos en Lanzarote y Fuerteventura. Se trata de una especie higrófila (requiere humedad constante) que podemos encontrar en barrancos con curso de agua habitual, así como alrededor de arroyos y pequeñas lagunas o humedales de nuestras islas. En condiciones óptimas llega a medir hasta diez metros de altura, sus hojas son lanceoladas y pubescentes por el envés, normalmente deformadas por agallas. Sus flores, unisexuales, se disponen en amentos masculinos o femeninos de hasta seis centímetros de largo. Posee un tronco gris verdoso que se torna parduzco y agrietado con la edad; las ramas son verdosas, delgadas y suaves aunque se van tornando rugosas con el paso del tiempo. El sauce canario tiene además la peculiaridad de ser un árbol de hoja caduca por lo que con la llegada del otoño sus ramas pierden frondosidad.

Es habitual que forme saucedas o bosques galería alrededor de los cauces de los barrancos. En Tenerife podemos observar saucedas importantes en los barrancos del Cercado y de Afur, en Anaga, formando bosques galería, así como abundantes ejemplares a orillas de los humedales de Erjos, dónde sirven como refugio para varias especies de aves.

Este árbol debe ser objeto de un concienzudo y urgente plan de recuperación, en el que se erradiquen permanentemente las especies invasoras, caña y paragüitas, que impiden la recuperación natural del sauce en los barrancos y zonas húmedas de nuestras islas.

sábado, 4 de abril de 2009

MADROÑO CANARIO (Arbutus canariensis): "El manzano del Jardín de las Hespérides"

Con la llegada del otoño el Madroño Canario se viste de gala y ofrece sus llamativos frutos que, por lo intenso del colorido, bien podrían confundirse con las manzanas doradas del Jardín de Las Hespérides, de las que habla la mitología griega.

El Madroño Canario (Arbutus canariensis), especie singular y bella donde las haya, es un árbol endémico de las Islas Canarias que podemos encontrar en las zonas más secas y termófilas del monteverde, aunque requiere suelos fértiles y húmedos. Llega a alcanzar los 8 metros de altura y su corteza pardo-rojiza se desprende en placas con facilidad. Sus hojas son grandes, de 8-15 cm de longitud y 2-3 cm de anchura, ovado-lanceoladas.

Sus pequeñas flores son acampanadas y colgantes, de color verde pálido o blanco con tonos rosados; y sus frutos, que son unas bayas anaranjadas de 2 a 4 cm. de diámetro, parecen diminutas mandarinas y son comestibles. Estos frutos sirven como alimento a diversos animales del ecosistema canario, aunque en el pasado incluso lo fueron para familias canarias en tiempos de hambruna. Lo cierto es que su sabor es bueno pero comer muchos puede llegar a embriagar y provocar dolor de cabeza, ya que cuando están muy maduros contienen algo de alcohol.

Esta especie debió ser más común en el pasado de lo que lo es hoy en día. Así lo demuestran afirmaciones como las de Webb y Berthelot en 1828 refiriéndose a un bosque de madroños que existió en el Barranco de Badajoz:

"...están todos reunidos cerca del barranco de Badajoz, y forman uno de los bosques más agradables de Tenerife"

Aún así, es posible contemplar madroños en espacios naturales de El Hierro, La Palma, La Gomera, G. Canaria y especialmente en Tenerife dónde llega a ser muy común en las laderas de Güímar formando arboledas de madroños. Además, a lo largo de los límites inferiores de la Corona Forestal en el norte de Tenerife aparecen madroños de gran porte en zonas de Santa Úrsula, Icod, La Guancha, etc. Según algunas fuentes pudieron existir madroños también en Fuerteventura pero hoy en día han desaparecido por completo de dicha isla.

Es una especie que se puede reproducir por esquejes además de por semillas por lo que su repoblación no es difícil. La época idónea para recoger sus semillas es alrededor de octubre, cuando los frutos comienzan a caer al suelo. Las épocas óptimas para plantar las semillas son la primavera y el otoño.

Si te gusta el senderismo y quieres ver madroños te recomendamos la ruta "El Jardín de las Hespérides" en Güímar

martes, 17 de febrero de 2009

SABINA CANARIA (Juniperus turbinata ssp. canariensis) “La novia del viento”

La desaparición a la que se condenó al bosque termófilo tiene como dramática víctima a la sabina canaria, la cual, pareciera que se afanase en tomar formas cada vez más retorcidas en un intento por convertirse en arte y así, quizá, ser indultada del hacha.

La sabina canaria, cuyo nombre científico es Juniperus turbinata ssp. canariensis, es un arbusto o árbol de hasta 8 metros de altura (ejemplares extraordinarios llegan a medir hasta 10 metros) endémico de las Islas Canarias. Su tronco es rígido y retorcido, de color marrón rojizo o gris y de aspecto quebradizo al envejecer. Sus hojas son escuamiformes, más o menos triangulares y apretadas junto a las ramitas. El sistema de crecimiento de la sabina es propicio para que esta acabe cediendo a la fuerza de los vientos dominantes en la zona, adoptando una posición retorcida. Esto se debe a que las terminaciones tiernas y verdes de sus tallos se van convirtiendo cada vez en más leñosas y rígidas, como petrificándose poco a poco, inclinadas por la fuerza del viento.

Es una especie monoica (con flores masculinas y femeninas en el mismo ejemplar) que florece en invierno, primavera y otoño. Su fruto es un cono globoso de color verde al principio y rojizo y resinoso al final, madura durante el segundo año.

La sabina forma, junto con especies como la palmera, el drago, acebuche o mocán, el castigado bosque termófilo canario. Además la sabina llega a tener formaciones boscosas casi puras llamadas sabinares.

La situación actual de esta especie no es ni mucho menos la que le confirió la historia natural del Archipiélago Canario, sino el resultado de la tala desmedida y de la ocupación de las tierras de medianía por parte de los cultivos y los núcleos de población.

Aún así hoy podemos observar sabinares tan espectaculares como el de La Dehesa en El Hierro, grandes poblaciones de sabinas en la Gomera y espacios mucho más reducidos en otras islas. El sabinar mejor conservado de Tenerife se encuentra en las cumbres de Afur, en el macizo de Anaga.

Hoy en día se están llevando a cabo algunas repoblaciones de sabina en diversos puntos de las islas, un ejemplo de ello es el Proyecto Life, que intenta reponer los sabinares arrebatados al macizo de Teno.

Al igual que la otra especie de Juniperus, el cedro canario, la sabina se encuentra afectada por la desaparición de especies córvidas como el cuervo o la graja, ya que los frutos de estas dos especies de Juniperus necesitan pasar por el tracto digestivo de aves para estar en su óptimo de germinación.

A pesar de todo, es posible reproducir esta especie a partir de esquejes, así como realizar una serie de tratamientos artificiales a la semilla similares a lo realizado por las aves al ingerirlas.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

CEDRO CANARIO (Juniperus cedrus): "Un árbol de alturas"

El Juníperos cedrus es un endemismo macaronésico que vive en Canarias y en la isla de Madeira. Se trata de un arbusto o árbol de hasta 15 m, con ramas más o menos colgantes, hojas aciculares, planas y conos globosos axilares, de color marrón rojizo al madurar. Se conoce como "cedro canario". Esta especie se incluye en el Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias, como en peligro de extinción, en la isla de Gran Canaria.

Hoy en día esta especie no es tan común en nuestro paisaje como tuvo que haber sido en el pasado, esto es debido, en gran parte, a su apreciada madera. Es una especie que se adapta a varios pisos bioclimáticos; desde el límite con el bosque termófilo, ciertas áreas del monteverde, pinar, e incluso zonas superiores a los 2000 metros de altitud, internándose en la zona del Parque Nacional del Teide en el caso de Tenerife; a esa altura ya es la única especie de porte arbóreo.

Es en las zonas altas de Tenerife donde más ejemplares de la especie podemos encontrar, no en vano, en la proximidades de Montaña Rajada, muy cerca del Teide, se halla un viejo ejemplar de cedro canario conocido como “El Patriarca del Teide”; está protegido por ley desde hace años.

Es una especie poco nombrada cuando se habla de repoblaciones forestales pero lo cierto es que se está empezando a introducir en áreas repobladas junto con el pinar, así como en algunas zonas de las Cañadas del Teide. Desde luego mucho queda por hacer para devolver a esta especie los dominios naturales que le han sido arrebatados, todo un reto a conseguir. Por otra parte, nombres como “Degollada del Cedro”, “Montaña del Cedro” o “Monte del Cedro” atestiguan la importancia de esta especie en el pasado.

Su repoblación natural esta dificultada por la desaparición de especies de aves córvidas en el archipiélago. En condiciones naturales este tipo de aves se alimenta de sus frutos rojizos al final del verano y tras su paso por su tracto digestivo, debido a la acción de los ácidos, las defecan listas para germinar.

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